A menudo, en la familia o en nuestro grupo de amigos nos encontramos con alguien que no encaja o desentona, lo que popularmente se conoce como “la oveja negra”.

En este artículo vemos los orígenes de esta expresión y sus connotaciones más comunes.

ser la oveja negra

¿De dónde viene la expresión “ser la oveja negra”?

“Ser la oveja negra” tiene su origen en el mundo ganadero. Por lo general las ovejas suelen ser blancas, pero, en ocasiones, determinados procesos genéticos pueden hacer que nazca una oveja negra en una familia de ovejas blancas.

Tradicionalmente la lana de oveja negra estaba mucho menos cotizada que la de oveja blanca, ya que la primera no se podía teñir.

Se cree que el uso de esta expresión para definir a alguien problemático dentro de una familia se acuñó en Inglaterra en el siglo XVIII, cuando el color negro de las ovejas era percibido como una marca del diablo.

Por todo ello, la presencia de ovejas negras en un rebaño era del todo indeseable.

¿Es malo ser la oveja negra?

Si nos ceñimos a la procedencia de la expresión, “ser la oveja negra” tiene indudables connotaciones negativas. Aunque, hoy en día, no siempre es así: dependiendo del contexto, ser la oveja negra en determinados ámbitos no tiene por qué ser algo malo.

Lógicamente, la expresión se sigue utilizando en muchas ocasiones para referirnos a alguien que no acepta algunas normas básicas y provoca problemas o controversias. Pero hemos de pensar que esas normas básicas son a veces totalmente subjetivas y dependen del prisma de cada individuo, lo que hace que “ser la oveja negra” también pueda ser visto como algo positivo o enfocado al crecimiento personal. Por ejemplo, en familias o grupos con prejuicios muy arraigados y una mentalidad cerrada, atreverse a cuestionar esto y tener un pensamiento crítico puede ser la clave para empezar a poner en tela de juicio determinados pensamientos anacrónicos.

Otro ejemplo clásico son aquellas familias en las que, generación tras generación, todos se han dedicado a una misma profesión, o bien a mantener el negocio familiar. En este tipo de situaciones, cuando alguien decide apartarse del camino para emprender el suyo propio, es habitual que sea visto por el resto de la familia como “la oveja negra”.

 

En definitiva, “ser la oveja negra” puede tener connotaciones negativas, pero no tiene por qué. Si más que causar daños a terceras personas, se te etiqueta como oveja negra por romper patrones preestablecidos o ciclos disfuncionales, probablemente puedas lucir esa etiqueta con orgullo y satisfacción.